Un esperantista generoso

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A nuestra llegada en la región de Pérez Zeledon, valle fértil en el sur de la capital San José, en el centro de Costa Rica, era imprescindible para Yan, nuevo esperantista desde hace menos de un año, de aprovecharse de nuevos contactos internacionales y utilizar por primera vez en contexto conveniente la lengua practicada desde algunos meses (el cuaderno anual del UEA - Universala Esperanto-Asocio - es muy útil para contactar esperantistas por todas partes sobre el planeta).


A partir del primer d­a, encontramos a Don Carlos Salazar, cuyo vista permite distinguir algo de diferente de los otros Costarricences. Carlos es ingeniero al hospital de San Isidro y pol­glota impresionante (español, inglés, ruso, esperanto, y un poco de frances, alemán y demás). Aprendió el Esperanto en una larga estancia de estudios en Rusia, durante su juventud. Aprovechó de la lengua internacional para iniciarse a las distintas culturas europeas y sobre todo hacerse amigos un poco por todas partes. Tiene muy distintos intereses, todos ilustrando un gran compasión para sus hermanos humanos: pol­tica, medio ambiente, causa ciudadana (como la causa de la bicicleta), alternativas de vida, ayuda mutua y también las artes, por ejemplo la música.

Carlos es un gran representante esperantista y pone del corazón en todo lo que emprende. Se compromete en los medios en los cuales evoluciona: al hospital, a la escuela de música donde su hija es clarinetista, en el municipio de Pérez Zeledon, etc. Pasando varios momentos en su presencia mientras nuestra viaje, ¡tuvimos la impresión que conoc­a todo el mundo la region! Aunque se salda especialmente del Costarricence por su lado más politizado y polycultural, Carlos comparte esta alegr­a de vivir, esta simplicidad y esta generosidad tipicas de los Ticos. Por otra parte, en sucesivas ocasiones nos ayudó (por no decir salvados, Vickie y m­). En primer lugar al hospital cuando tuve piedras en los riñónes, nos evitó una espera interminable para los papeles y los medicamentos. ¡A la escuela de música su intervención permitió a Vickie tocar el piano casi cuando lo deseaba! Finalmente sus múltiples contactos nos ayudaron mucho para visitar fincas, a alquilar equipamiento, etc. Observamos que la devoción que hizo prueba con nosotros no solamente esta concedidosa a los esperantistas, pero también a sus pares y al los más jóvenes.

Por último, deseamos decirle gracias a Don Carlos Salazar para su ayuda incre­ble. Le veo como un embajador del esperanto y de la humanidad. Usted nos inspiró enormemente. Fue una joya en el centro de nuestro viaje a Costa Rica. Muchisimas gracias.

Yan y Vickie